Hace unos meses, estando en México, me encontré con una noticia olorosa. Una editorial sacó un perfume con olor a libro nuevo. La siguiente vez que pisé un centro comercial me dirigí a una perfumería para preguntar si tenían tan peculiar fragancia envasada. La cara del chico que me atendió fue un poema, nunca mejor dicho, ante la pregunta “¿Tienen Paper Passion? es un perfume que huele a libro”, pensó que le estaba gastando una broma. Cuando por fin creyó que mi pregunta era seria se giró a preguntarle a su compañero –Oye, ¿tenemos un perfume que huela a libro? Supondrán que el segundo vendedor creyó que su colega quería tomarle el pelo y no le causó mucha gracia, ambos tuvimos que explicarle lo que ya le había dicho yo al primero.
Decidí que era un buen autoregalo de navidad, así que me di a la tarea de encontrar el sitio donde venden el perfume (aparte de internet, no puedo pensar en compra más absurda por esa vía que un perfume que no sabes cómo huele). Me puse a buscar las librerías distribuidoras de esa editorial y encontré la única en España, una galería en la calle Verónica, a dos pasos del Caixa Forum; como tengo planes de ir a la exposición del Joven Van Dyck en el Prado y la de Gauguin en el Thyssen en estos días, iba a pasar a preguntar pero al ver el número de teléfono opté por la opción más sencilla.
- Galería La Fábrica…
- Llamo para preguntar si tienen un perfume… (al escucharme pronunciar esa frase pensé que mi interlocutor me colgaría no sin antes hacerme notar que estaba llamando a una galería, afortunadamente me equivoqué).
- No, no tenemos el perfume.
- Y ¿lo tendrán?
- La verdad es que no creemos que nadie lo vaya a comprar, así que no tenemos pensado pedirlo.
- ¿No les han enviado ni siquiera una muestra? Para saber cómo huele…
- No, pero huele a libro.
- Sí señor, pero ¿usted sabe a la cantidad de cosas que puede oler un libro?
- Ehmmm.
- Además, el olor es de libro nuevo y todo depende del tipo de papel y de la tinta, no todos los libros nuevos huelen bien. Si lo compro tengo que saber a qué huele ese libro.
- Pues sí, tiene usted razón, pero no, no nos han enviado una muestra.
- Bueno, muchas gracias.
Clic.
Me ronda cierta preocupación por estos días. Y menos mal que solo me ronda porque entre la tesis doctoral, la olla exprés a punto de estallar en dos continentes, que los embalses en España están 30% menos llenos que el año pasado (y anda que no nos preocuparon con ese tema en el 2011), el tío este que se va a incendiar bajando a la Tierra desde la estratosfera… no doy para más desvelos.
Hace dos años comencé a escribir un conjunto de relatos que, cuando me encontré con el último, resultaron tener potencial para enlazarlos en una novela. Pretensiones de escritora de ficción. En la universidad me tocó escribir algo de “ficción” y no podía inventarme nada pero me sucedían historias peculiares, extravagantes, tragicómicas… con eso me defendí bastante bien.
Este era el mismo caso, con unas cuantas anécdotas coleccionadas durante mi estancia en España y una tristeza profunda por la última, me propuse escribirlas todas. No eran dramas, por cierto, en términos cinematográficos eran una especie de Amélie teñidas del humor de Woody Allen. Relatos con un comienzo mágico o surrealista y casi siempre un final fatídico por una serie de absurdas coincidencias y malentendidos. También tenían banda sonora.
Además de un muy leve fastidio de comenzar a tener una vida medio “normal”, cosa que me alegra y me aburre por momentos, el guiño de esa preocupación que mencioné al inicio de este texto es que perdí la memoria USB donde guardé cada capítulo y el ordenador en el que escribí todo.
Cuando pasó no me pareció grave y tenía cosas más importantes en las que enfocar mis preocupaciones. No era nada aterrador puesto que si yo lo viví no sería complicado volverlo a contar por escrito y mi vida por esos días consistía en cosas tan trascendentales como la muerte; ver de nuevo a mis amigos, abrazar a Mafalda en San Telmo, plantar un árbol y recomenzar todo después de hacerle a la parca una seña obscena y decirle “ni de broma me voy antes de…”.
Debo decir que sería menos preocupante que me rondase la idea de haber perdido la mitad de mi tesis. Eso es académico, es un estudio, lo tengo marcado en libros, las conversaciones las tengo en la mente y no importa la forma en la que las transcriba siempre y cuando sean fieles a mis fuentes. Lo que escribí en 2010 eran “Callos a la Merioma” (Menudo, Mondongo… y demás nombres que recibe esa preparación de tripas que parece una esponja a punto de deshacerse en una salsa).
Metí todos mis demonios a la lavadora, puse detergente, suavizante y lejía para blanquearlos hasta percudirlos mientras reía en el proceso.
Por estos días me pareció ver a Mr. Buurman, el protagonista del capítulo “Dos Passos”; ha sido más de una vez y es raro porque ya no vive en Madrid. He puesto más ahínco en el intento de reescribir todo pero creo que el estado emocional de aquel momento influyó en mi sentido del humor y en la manera de narrar las cosas, necesitaba una válvula de escape para el estrés de la especie de yincana que me impuse ese año, bien lograda mas no disfrutada, y la tristeza de perder lo que parecía ser el primer “buen chico” con el que había salido en mi vida (bajo el lema: “no tengo tiempo”).
La preocupación que me ronda es que solo me salgan esas configuraciones de palabras en ese estado. No sé siquiera si aquello merecía la pena leerse en términos editoriales, pero releerlo con carcajadas de fondo sí que lo era para mí.
Un paralelismo especialmente llamativo se refiere al carácter autológico de los juegos de lenguaje y de los sistemas. El juego de Wittgenstein se comprende sólo desde las propias reglas, como un tema músical se comprende únicamente desde el propio tema musical, mientras que el sistema luhmanniano tiene en la operación autopoiética su rasgo distintivo. Tanto Wittgenstein como Luhmann, en definitiva, han elaborado teorías centradas en la naturaleza autotélica de sus conceptos más sustanciales.
A este respecto, resulta interesante constatar cómo sistemas y juegos se dejan caracterizar, al menos hasta cierto punto, por metáforas como las de los dibujos de Escher y el barco obligado a continuas reparaciones en alta mar. La ciudad del lenguaje imaginada por el filósofo, recorrida por múltiples planos, edificios y calles, recuerda, en buena medida, esa complejidad descrita por Luhmann, formada por múltiples sistemas y subsistemas sociales.
En esta línea, los dos autores han coincidido en formular, como trasfondo a sus nociones de lenguaje y sistema, la idea de una estructura dinámica, cuya estabilidad se obtendría por medio de una inestabilidad recurrente. Con ello, Luhmann y Wittgenstein desbordaron completamente sus respectivos contextos de partida, a saber: el atomismo lógico de Frege y Russell y el estructural-funcionalismo de Parsons.
Iñaki Iriarte López. Sistemas autopoiéticos y juegos de lenguaje. El aire de familia entre Ludwig Wittgenstein y Niklas Luhmann. Universidad del País Vasco. 2000.
Durante los últimos días he descubierto que tanto en tesis doctorales aprobadas como en blogs personales e incluso libros publicados, hay un fenómeno copy-paste bastante significativo.
Resulta que hay frases atribuidas a reconocidos teóricos de la comunicación que van pasando de texto en texto sin que nadie especifique cuál es exactamente su ubicación.
Esto puede ser simplemente anecdótico cuando lo notas en unos cuantos blogs y uno que otro documento formal, pero cuando es un fenómeno repetitivo y ahondas un poco más buscando si en el mar de resultados de todo tipo que te da Google hay por lo menos un documento, de esos que están colgados en las plataformas de las universidades, que te diga de dónde sacó esa cita y no lo encuentras…
Sí, internet es una fuente de frases apócrifas. Leyendas del copiar y pegar.
La diferenciación de sistemas parciales en la sociedad mundial presupone no solo una procedimentalización de distintos ámbitos operativos y el desarrollo de funciones específicas, sino también la emergencia de descripciones y autodescripciones surgidas a partir de los procesos comunicativos de tales operaciones. Estas descripciones y autodescripciones son comprendidas por la teoría de sistemas bajo el concepto de semántica (Luhmann 1998) y se relacionan, estrechamente, con las estructuras de expectativas de cada sistema (Luhmann 2007).
Cada sistema constituye su propio entorno semántico interno, su propia ficción real, que contribuye a la unidad interna del sistema y a la regulación de las relaciones sistema/entorno. Las intenciones de acción, los intereses y horizontes de mundo divergen según el sistema de que se trate. Ellos se reflejan a nivel semántico, de modo tal que el mundo “se transforma en un meta-mundo imaginario de todos los mundos que se forman cuando los sistemas distinguen sistema y entorno” (Luhmann 2005: 16).
Aldo Mascareño. Unidad y diferencia en la semántica latinoamericana en: Comunicaciones, semántica y redes. Universidad Iberoamericana. México, 2011. p. 107
Encontré la mayor parte de las palabras que reúne mi diccionario, en declaraciones de políticos y de gobernantes. Alguien me dijo que sin duda las inventaron en un acto de premeditación a manera de baratijas para someter a los indios “porque el embaucador desprecia al embaucado”. Yo no quiero disentir, pero sigo pensando que detrás de cada una de estas manifestaciones de afectación, ligeramente sorpresivas y ridículas, ha de haber un señor vanidoso, que se desvive porque lo admiren. Lo sé por experiencia. En la época de mis comienzos literarios, yo era capaz de violentar un relato o una argumentación, para encontrar la oportunidad de escribir lo porvenir (en lugar de el porvenir , que según Baralt era incorrecto), figurero (que Azorín proponía para reemplazar snob), dél y dellos (por de él y de ellos). Probablemente pensaba que alguna vez, en algún libro, se diría “Bioy usó la expresión”.
El mundo atribuye sus infortunios (¿me aparto del tema?) a las conspiraciones y maquinaciones de grandes malvados. Entiendo que subestima la estupidez.
Es curioso el hecho de que tanta gente, en una época de penuria como la actual, se vuelque a la tarea de enriquecer el vocabulario. Frenéticamente inventa palabras, o las desentierra de libros (¿no es increíble?) donde dormían el sueño de los muertos, o les confiere acepciones forzadas incorrectas, fantasiosas, pero nuevas. Piensa tal vez que no sólo de pan vive el hombre y que afligidos por infinidad de privaciones, a lo mejor encontramos alguna compensación, o, por lo menos, consuelo, en la certidumbre de que a cualquier hora del día o de la noche podemos recurrir a las palabras fractura, estructura, infraestructura, para no decir nada del verbo escuchar, que indudablemente ha de engolosinamos, porque no se nos cae de la boca.
Quienes profesamos afecto por nuestro idioma —al fin y al cabo, hablándolo recorrimos la vida—, estamos un poco alarmados por las consecuencias de esta invasión de voces nuevas; como representan, según mis informes, entre el diez y el veinte por ciento de nuestro vocabulario corriente, me pregunto si no le alterarán el tono y aun la índole. Todavía en los años que nos toca vivir vamos a justificar una frasecita muy argentina, que siempre hemos repetido sin creer demasiado lo que decíamos: “Nosotros hablamos mal”.
Adolfo Bioy Casares. Diccionario del Argentino Exquisito. Emecé Editores. Buenos Aires, 1978. p. 5.
Dicen el #TEDxCibeles “¿Y si las escuelas no fueran escuelas? ¿Y si fueran incubadoras de ideas y proyectos?”… ¿por qué desde hace un tiempo a la gente le da alergia la palabra “educación”? como si no fuera necesaria, como si ser “emprendedor” fuera la única solución al fracaso de un sistema.
¿Nos hemos olvidado que aprender es necesario? que entender diversas materias conlleva a convivir entre las diferencias de manera positiva… hay gente que puede ser buena en muchas áreas y no necesariamente necesitan ser ‘líderes’, no todo el mundo lo es porque eso es un rasgo de la personalidad, como la timidez o la fuerza de voluntad, se puede trabajar en ellos pero no es natural.
La educación da alergia a muchos, a mi modo de ver, porque las obligaciones cada vez les saben peor a todo el mundo y en realidad son parte de la balanza que nos permite disfrutar del placer. Aunque eso también estará en los rasgos de cada persona, yo tuve el “placer” de vivir sin hacer nada o sólo lo que quería por una lenta recuperación y para mí no hubo peor experiencia, hay quienes vivir “de sus rentas” viajando y sin la necesidad de ser productivos les parece la panacea. Si yo me ganara la lotería y pudiera vivir como me da la gana trabajaría -en mi propio proyecto, apoyando uno ajeno, lo que sea-, pero eso está en los rasgos de personalidad antes mencionados.
El liderazgo, la imaginación y la gestión de proyectos no está dentro de las necesidades y cualidades de todos y todos debemos tener derecho a elegir.
La salida no está en lo que tenemos hoy, pero dudo mucho que intentar mantener un sistema a base de proyectos independientes nos lleve a buen puerto. Cada vez más individuos y menos grupos. Somos individuos pero debemos trabajar en conjunto, iguales pero cada uno desarrollando lo mejor de sí mismo. Hay quien no tiene demasiada imaginación o valor pero tiene disciplina y buena organización, otros afortunados lo tienen todo.
La educación formal es necesaria, nos aporta conocimientos que a posteriori, sea cual sea el camino que decidamos tomar, no provee de razones y visión de mundo, también es necesario encausar las cualidades que nos sirven para crear y trabajar; enseñar a idear y gestar proyectos es importante, nos abre caminos y crean confianza en lo que es posible realizar de manera independiente. Afirmar que se debe cambiar una cosa por la otra es una aberración.
Todos nos necesitamos y necesitamos opciones, pero no requerimos girar en la misma dirección.
Próximamente: la educación del “por favor” y el “gracias”, algo más que diferencias culturales.
Esa mañana en la que despiertas y tus manos huelen, por alguna extraña razón, a cinco años antes. Recuerdas lo que soñaste y Jung te dice que has cerrado el pasado pero que aún está ahí, que las escaleras eléctricas oníricas no te permiten ir una planta abajo, solo suben, pero ves aquello que te robó un sueño de esos que van hacia adelante y no se aparecen para despertarte inquieta por la noche… él descansa tranquilo mientras tú aún sigues luchando en territorio desconocido.
Los sentimientos a veces le dicen a la razón que se dirija al lugar que no los tome en cuenta y es el rumbo equivocado… supongo que es más fácil si no cambias de país.
Las puertas del infierno - José Luis Díaz-Granados (via andthemusic)